viernes, octubre 7

Forever yours


Me había perdido muchas cosas el último año. Rubén no dudó en contarme todo lo que recordaba, sin perder detalle. Yo escuchaba atento con los ojos fijos clavados en él, recopilaba todos esos momentos en un álbum dentro de mi cabeza. Lo veía a él, y a Lúa, a Borja y a Alberto, pero no a mí. Intentaba enumerar cada instante y etiquetarlos por orden cronólogico, pero eran demasiados, y aunque me sentí presente en muchos de ellos, no es cierto, no estuve. Me hubiese gustado poder haber presenciado todas aquellas escenas. 

Cuando desperté aquella mañana, noté que algo había cambiando, las cosas se habían vuelto grises y el mundo giraba mucho más despacio entonces. 
Alberto estaba diferente esa mañana. Llevaba un cigarro en la boca y lanzaba cortantes aros de humo al aire. Pude evitarlo, pero tosí. Jamás se me podría haber pasado por la cabeza algo así, ¿Alberto? ¿fumando?.
Tenía puesta la rebeca azul, esa rebeca, la que tiré al suelo aquella noche y... aunque ahora la rebeca estaba mucho más vieja, rota, apenas podría apreciarse el color, quizás algún día hubiese sido azul, pero el tiempo, había causado muchos estragos en ella. Todos mis recuerdos con ella puesta quedaron entonces confusos y puede que yo, un poco defraudado. Alberto llevaba un tatuaje en su muñeca: "Fighter", aún recuerdo cuando entramos en ese antro, donde se lo hizo. 
Me observaba desde la puerta, no sabría decir como. No estaba enfadado ni parecía contento, creo que no estaba disgustado pero tampoco sonaba nostálgico. Simplemente me miraba. Neutral. Con sus grandes ojos azules; sus ojos no habían cambiado en absoluto, seguían tan cargados de magnetismo, tan llenos de vida como siempre. Yo lo observaba también. Atónito. Empezaba exáminandolo por los pies y acababa con la vista perdida entre los aros de humo que se desvanecían lentamente, intentaba buscar al Alberto de antes, pensé que quizás todavía quedase algo de él debajo de esa apariencia de chico duro, pero por mucho que abrí los ojos y me esforcé en anotar cada gesto y compararlo con alguno anterior, no pude reconocer nada en él. Un rastro de sorpresa parecía pintar su rostro cuando me erguí para analizarlo mejor, creo que todo esto sucedió en unos cuantos segundos, pero para mí el reloj se había quedado parado y yo estaba atascado en el tiempo. Me había perdido muchas cosas aquí. Cosas que no volverían a pasar nunca más, que yo no volvería a vivir. Me habían arrancado una mitad de mí cuando nos fuimos. Ahora ya no sabía a donde pertenecía, me dí cuenta de que la vida pasaba y de que el mundo seguía girando en ambos sitios sin mí, y eso me molestaba. Me sentía fuera de lugar, estaba atascado entre dos vidas diferentes. Tenía ganas de llorar. Le abracé, y me abrazó, y no me importó dejar pasar el tiempo, dejarlo correr, sabiendo que nunca podría volver atrás.

-Quízás te equivoques, pero... ¿qué mas da? si no lo intentas, tampoco lo conseguirás.